martes, 17 de noviembre de 2009

NUNCA TE SUPE MÍA

Nunca te supe mía completamente,
siempre te tuve a pedazos,
pero eso jamás me importó
y dejé que mi polen se esparciera sobre tus campos.
Reposó tu cabeza en
mi hombro tantas veces
que tu amor fue abriendo de nuevo
los senderos borrascosos
donde mi alma se atascaba
en cariños pasados.
Sabía de tu paso efímero,
de tu dulce condena a otro cuerpo;
te irías algún verano, lo sé,
lo supe desde el primer beso
amortajado en una falsa promesa.
Aquí me tengo otra vez tratando
de domar el insomnio con una plegaria,
queriendo no quererte
para olvidar cada milímetro
de tu piel morena.
Talvez no debí alumbrar
los pasillos de mi corazón con tu luz;
lucen más tristes y solos que antes
hoy que se han quedado de nuevo a oscuras.



JUNTOS (De Encuentros Clandestinos)

No existe otra verdad tan pura en mis labios,
como este terco te quiero
que se escapa de los cuarteles de mi corazón
y finge ser un rayo de luz para iluminar tu mundo gris…
Cómo haré para que tu mano busque mi mano
cada madrugada;
para oírte decir en medio del flagelo de los días:
Ven, te necesito.
De qué manera te hago creer en este milagro
si el amor fue para ti una pesada cruz…
Volver a sonreír recostado
sobre tu tibio vientre: ese es mi anhelo.
Ser felices acunando el fruto del amor,
extrañarnos alguna tarde y reclamarle al
día que no tarde tanto para volvernos a encontrar,
remediar de pronto la tristeza con un beso,
vivir, crecer y envejecer juntos.
Siempre juntos…

DIOS ME COMPRÓ UN AMIGO

¡DIOS ME COMPRÓ UN AMIGO!


De Dios me han hablado
tantas cosas desde que era yo un niño.
Que acude Él siempre donde lo llaman.
Que nunca muestra su rostro
porque lo más bello que tiene son las manos.
Yo lo sé un mago
fantástico que siembra
rosas en la arena;
escultor fino que ha tallado
de manera perfecta las montañas
sobre la tierra;
es el mejor doctor
de la vecina de a lado,
quien nos regala a diario
su alargada sonrisa,
a pesar que una junta de médicos
la ha desahuciado.

Pero descubrí yo con el tiempo,
que es también Dios
un comprador compulsivo.
En días de invierno le compra
horas al sol para abrigar
la esperanza de aquellos que la han perdido.

He sido testigo de cómo le compra a diario
momentos de paz a mi madre,
para que los vaya tomando por gotitas,
y al caer de la noche
pueda al fin dormir tranquila.

Asiduo concurrente a la barata de
sueños y dones,
que celebran los ángeles
domingo a domingo.
¡Dios los compra todos!
Y de lunes a viernes
los va colocando bajo las almohadas
de sus hijos (nosotros)
para que con ellos
podamos hacer realidad
todos nuestros sueños.

A mí, que encontrándome
tan sólo y empobrecido,
una fría mañana Dios
tocó mi puerta,
extendió el brazo
sobre mi hombro
y sonriente me dijo:
Toma Marco, te compré un amigo.
Ya no estarás sólo. Ahora eres rico.


(A todos los amigos que Dios me compró en la vida)