viernes, 18 de julio de 2014

EL OCASO DE LA TRISTEZA (Sexto capítulo)

VI
Dieron las cuatro de la tarde del día siguiente al hallazgo del muñeco decapitado; a esa hora estuve listo para subir al gimnasio y empezar con mi faena vespertina de entrenamiento. Toda la mañana había tratado, como un detective policiaco, de hilvanar las posibilidades en las que el paquete pudo haber llegado hasta el tercer piso sin que nadie se percatase. El primer obstáculo - si es que en realidad lo representó - que debió superar la persona que trajo la misteriosa caja con el trabajo de brujería, era la puerta de fierro que protegía mi vivienda de los intrusos y ladrones. Mi hermano Pepe estaba siempre atento, como un guardián infranqueable, a todos los que ingresaban por allí. Sólo se distraía aquellas tardes en que algún partido de la Champions League lo hipnotizaba frente al televisor. Pero el día anterior había sido viernes y la programación televisiva no contemplaba ningún encuentro deportivo. ¿Viernes? En ese momento reparé en el día que transcurría. Desbloqueé el celular e ingresé a la opción de calendario. Estábamos sábado 14 de Diciembre. “¡Encontré la caja un viernes 13!”. Mi corazón estalló. Acaso podría tratarse de una simple coincidencia. “En el mundo del ocultismo nada es dejado al azar”, me dijo Diana una de esas noches en que la visité para conocer más acerca de la brujería. Basándome en esa afirmación ya no debían quedar dudas  de que aquél paquete con el muñeco decapitado dentro fuese un trabajo de hechicería. Según los registros, que se pueden encontrar navegando en internet, un viernes 13 de octubre de 1307, bajo las órdenes del Rey Felipe IV de Francia, un grupo de Caballeros Templarios, fue capturado y llevado a la Santa Inquisición para ser juzgado y condenado por supuestos crímenes en contra de la cristiandad. Esa misma noche sus cuerpos terminaron en la hoguera ante la anuencia del Papa Clemente V, en una matanza colectiva cuestionada por considerarse que no fue un proceso justo. Un Temple de nombre Jacques de Molay, uno de los últimos en ser quemado en la hoguera, "emplazó" momentos antes de su asfixia, al propio Felipe IV y al Papa Clemente V, con estas palabras:"¡Clemente, y tú Felipe, traidores a la fe cristiana, os emplazo ante el tribunal de Dios!... A ti, Clemente, dentro de cuarenta días, y a ti Felipe, dentro de este año..."El papa Clemente, murió a los treinta días y el Rey Felipe, antes de cumplirse un año. Así nacía la maldición del Viernes 13. Independientemente el número trece desde la antigüedad ha sido considerado de mal augurio, por ejemplo en la Última Cena de Jesucristo, trece fueron los comensales; la Cábala enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas; en el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. También existe una leyenda escandinava, donde se narra que en una cena de dioses en el Valhalla, Loki, el espíritu del mal, era el treceavo invitado. En el Tarot, este número hace referencia a la muerte. Y trece es el número que las brujas de la edad media esperaban para hacer sus pócimas.  Aquél trece de Diciembre había sido el segundo viernes 13 en el año. El primero fue en setiembre, pero pasó desapercibido.