martes, 24 de noviembre de 2009

UNA LINDA HUACRACHUCANITA (PRIMERA PARTE)



A miles de kilómetros del bullicio y la congestión de la urbe, el silencioso paraje de la serranía peruana se convierte en una manta fresca y dócil que arropa mi corazón. Ya había estado en la sierra otras veces, en ciudades como Huaraz, Cajamarca e incluso Cerro de Pasco, la ciudad más alta del mundo; pero nunca en un caserío o centro poblado escondido entre las montañas... No sé cuántas horas llevo caminando, hace mucho rato que me bajé aterrorizado del camioncito en el que viajábamos...Cómo no iba a estarlo si por poco nos vamos al abismo. !Carajo, qué susto el que nos dimos!...  En el camión veníamos amontonados como bestias, tirados sobre un montón de sacos de fruta y hortalizas, de borregos, gallinas, cuyes y no sé que otros animales más camuflados en la capota del vehículo, donde se cargaban también gran cantidad de utensilios de cocina, un par balones de gas y hasta un ataúd marrón. "Ni así me paguen diez veces mi sueldo  me subo a este camión, prefiero caminar", le había dicho a Dante antes de iniciar la subida. El pequeño Dante Luna era quien comandaba la expedición a Huacrachuco; viajaban además Jaime Salinas, Jorge Alvarez y Rubén Mendoza. Los cinco conformábamos el equipo de registradores itinerantes que el Registro Nacional de Identidad (RENIEC) enviaba hasta el pequeño pueblo de Huacrachuco, para tramitar el Documento de Identidad de cerca de cuatro mil niños que vivían en extrema pobreza en la zona. Antes de salir de Chimbote, sabíamos que hacía mal tiempo en la sierra; la  temporada de lluvias acababa de iniciarse y  los primeros  huaycos se convirtieron pronto en noticia, bloqueando carreteras, trayéndose abajo puentes y desapareciendo por completo varias hectáreas de terreno agrícola. A pesar de que las condiciones climáticas no eran las mejores para el viaje, la jefatura  del RENIEC, preocupada por cumplir con sus metas, aprobó el desplazamiento.

Nadie pronosticó un viaje cómodo, menos aún cuando nos enteramos que  la ferocidad de un huayco había desaparecido el  puente Suchimán, por el que debíamos pasar para llegar a nuestro destino; sin embargo - al menos hasta ese momento - no me pasó por la cabeza abortar la misión. "Ya estamos metidos en esto, así que hay que tirar para adelante. Además si le decimos al jefe que no queremos viajar, al toque  nos saca del proyecto...  Yo necesito la chamba, así que de todas maneras viajo", fueron las palabras que empleó Dante Luna para persuadir al grupo de continuar con la travesía. No se escuchó una sola voz de protesta. La chamba la necesitábamos todos.

Existen sólo dos empresas de Transporte que cubren la ruta Chimbote - Huacrachuco. Una de ellas es SAN FRANCISCO,  la otra ANDIA. La primera ofrece salidas los martes y sábados. La segunda, en cambio, sube a la sierra los jueves y domingos. Era la mañana del  martes veinticinco de marzo cuando el Ingeniero Luis Aguilar, nuestro Jefe, -  un tipo práctico que le ahorra a la institución que dirige medio millón de soles al año,  gracias a su buena administración, y que se cuida de economizar hasta sus palabras -  nos citó en su oficina para informarnos acerca del desplazamiento. "...Este viernes deben estar  a primera hora en Huacrachuco. Son doce días de campaña y cinco los registradores que viajan. La meta es cubrir una población de cuatro mil niños. Nada qué decir acerca de la importancia de este trabajo, ustedes saben que el prestigio del RENIEC está en sus manos. Para este desplazamiento se ha elegido al señor Luna como coordinador. Lo acompañarán Salinas, Mendoza, Alvarez y Silva...  Ya se prepararon sus viáticos, así que saliendo de aquí  pueden recogerlos en tesorería...De mi parte eso es todo, el resto de información se la dará la señorita Liliana cuando pasen por su dinero..Tienen la mañana libre para comprar sus pasajes y hacer maletas; por la tarde retornen a organizar su material de trabajo. Es todo muchachos. Que tengan éxito en su misión". 

El Jueves enrumbamos hacia Huacrachuco. A pesar de que el boleto de viaje tenía como hora de partida las cuatro de la tarde, el ómnibus de la Empresa ANDIA se puso en marcha recién pasada las seis. El retraso en la salida impacientó a Dante Luna, quien se paró de su aciento, hasta en tres ocasiones, para reclamarle al chofer por la demora. Sin embargo el conductor sólo atinaba a decir: "No se moleste joven, ya falta tantito para irnos, paciencia por favor..." "Tantino nomás y nos vamos joven...", y seguía bregando, junto a dos cargadores, por acomodar en la bodega y el techo del ómnibus el equipaje de los pasajeros. "Esto tíralo arriba. Esto que vaya en la bodega. Sube esas cajas para que aguanten las tablas. Un poco a la derecha.Sí, allí está bien...". La piel se me erizaba al ver cómo esa enorme cantidad de bultos iba siendo colocada sobre nosotros. "!Qué abuso carajo! !A dónde piensan meter más cosas, este ómnibus está por reventar. Acaso no saben que la carretera está jodida... !Es un peligro viajar así!", lanzé la frase como un escupitajo amargo, llamando la atención de Jaime Salinas, quien ocupababa el asiento de al lado.
- !Tranquilo "chino", no te pongas nervioso!. ¿Es la primera vez que viajas a la sierra?" preguntó mi compañero...
- No, ya he estado en Huaraz, Cajamarca y también en Cerro de Pasco...
- Ah, pero eso es otra cosa, allí todo es asfalto; a donde vamos la carretera es pura tierra. En este tiempo, por la lluvia, el camino se enloda bien feo  y el viaje se hace lento y pesado...
- Cómo no va hacerse lento con la cantidad de cosas que llevamos encima...
- Si pues, pero ni reclamar porque así se viaja a estos sitios. Te recomiendo que cuando arranquemos cierres los ojos y duermas, así no sentirás nada. Además mañana nos espera harta chamba y hay que estar descansados...

"!Listo, nos vamos!", gritó el chofer y se sentó frente al volante para echar andar el ómnibus. Apenas encendió el motor un ruido espantoso, que reventó mis oídos, inundó el interior del vehículo.
- No me pidas que duerma con este ruido de mierda, le dije a Jaime mientras buscaba en los bolsillos de mi casaca un poco de papel higiénico para taponear mis oídos.

Jaime río de mí al verme tapar las orejas con bolitas de papel. "Este chino ja,ja,ja,ja...sólo cierra los ojos y piensa en tu flaca o cuenta ovejas en tu mente, así te dormirás más rápido... Duerme muchachón, duerme...."; fue lo último que le oí decir al rechoncho Salinas, pues al rato nomás la cabeza se le desplomó hacia su hombro izquierdo, mientras que el resto de su humanidad se entiesó como si fuese un cadáver. Sentí envidia al ver a  Jaime atrapado por el sueño con tanta facilidad. Acaso era sordo. Como podía sentirse cómodo en la estrechez de los asientos.  empeorar las cosas, del pecho de mi compañero brotó un bullicioso concierto de ronquidos que hizo imposile que consiliara el sueño. , aunque traté de detener, cerrándole la boca primero, y

persona más yo un tièmpo  eseperò  , se convirtió en una máquina trituradora que trabajó sin cesar durante todo el viaje. "!Mierda, como ronca este huevón!!,  me repetía mientras trataba de frenar el bullicioso concierto que ofrecía Salinas, cerrándole la boca primero, y moviéndolo hacia el otro costado después; sin embargo todo intento por callarlo resultó infructuoso, así que no que tuve más remedio que resignarme y pasé las doce horas   el cuerpo de Salinas hacia los lados para

 unque traté Su sólo se detuvo cuando hubimos llegado a Suchimán  "!Mierda como ronca este huevón!". Al principio intenté frenar su bullicioso tapándole la boca con un poco de papel

 A pesar de mi negativa de subirme al camión, mis compañeros terminaron convenciéndome de que llegar al pueblo desde el borde del puente Suchimán, que había sido arrasado por un huayco, lo que impedía , donde el ómnibus - que en principio - nos transportaba a nuestro destino se quedó atascado en un huayco, era imposible. La única posibilidad que tuvimos de continuar con nuestro viaje era abordar el pequeño camión en el que se , el mismo que fue abordado por cincuenta personas más l

Ni bien el vehículo se puso en marcha, empezó a tambalearse de un lado a otro. Por momentos hacia la derecha, otro rato para la izquierda. Siempre hacia algún lado, sólo se aquietaba cuando iba a sortear alguna curva o aparecían grandes piedras en el camino, que obligaban al chofer a detenerse para bajar y quitar el obstáculo. La carretera era estrecha, empedregada por ciertos tramos, ahuecada en otros; conforme avanzábamos se iba haciendo más empinada, por lo mismo más peligrosa. Los abismos se hacían más profundos. El pánico también crecía en mi corazón. Quería bajarme, pero no encontraba una excusa para hacerlo; hasta que una mala maniobra del chofer en una curva hizo que el y por poco terminamos como alimento de las pirañas pero unos cuantos minutos después, cuando estuvimos a punto de irnos al abismo De los cinco expedisionistas yo fui el único al que le entró un ataque de pánico cuando el camión empezó a tambalearse de un lado a otro y estuvimos a punto de irnos al abismo. !Paren!. !Paren!. Este camión nos va a matar. Yo no quiero morir aquí. !Me bajo! !Aquí me bajo!. La gente me quedó mirando, Estás bien huevón si piensas que voy a seguir aquí. Yo me bajo.

!Qué hambe tengo! ¿Cuánto faltará para llegar a Huacrachuco? Pero a quién se lo puedo preguntar si por aquí no pasa nadie, lo único que se oye es la voz de este río que l río marañón que está a mi derecha y que suena como un rugido. !Plas! !Plas! Acaban de caerme sobre el rostro las primeras gotas de lluvia. Eso era lo único que faltaba. Ahora la cosa sí que se puso brava !Carajo, talvez ya me perdí! Aquí no hay modo de comunicarse, pues las montañas impiden que se propague la señal de los celulares. Ese huevón de Dante no puede haberse olvidado de mí. !Puta mare y si el camión se fue al abismo!